Soy sólo yo y mis pensamientos...

jueves, 3 de noviembre de 2016

Convivencia

Hace seis meses me mudé a un piso más grande. Cuando lo fui a visitar antes de alquilarlo, lo que nos llamaba la atención a mi chico y a mi, fue lo tranquilo que era.
Vivimos en un bajo, con jardín y patio trasero, un piso así en la ciudad es un privilegio.
Llevaba una semana viviendo en el piso nuevo, y noto que arriba nuestro, vive un matrimonio con una nena de tres años. Escuchaba unos ruidos muy fuertes que provenían de arriba por lo que subo y de manera educada le indico a la vecina que el ruido era muy alto y bueno, que me molestaba,
La vecina me cuenta que a su hija le encanta andar en tacones, pero que le iba a decir que se los quite.
Hasta ahí todo bien.

Desde que vivo en el piso, todos los sábados y domingos me despierta la niña a los saltos y gritos, a las 7/8 de la mañana. Yo los findes trabajo de noche, y la gracia que me hace que me despierten es brutal.
Tanto mi chico como yo hemos subido varias veces a decirles que ya vale con el ruido, Pero ellos nos hacen caso omiso.
Como estamos cansados de subir, hemos optado por golpear la pared cuando escuchamos mucho ruido.
Me parece estupendo que quieras ser padre, pero una vez que lo sos, hacete cargo de tu hijo/a. Es tan simple como decirle que no salte, ni grite a horas que no se debe,

Hablando con mi viejo, le pregunté ¿Qué hacía él cuando yo era chica y hacía mucho ruido?
Mi viejo me dijo que si no le hacía caso, optaba por llevarme al parque a jugar, así me cansaba y después estaba más tranquila en casa.

Estos vecinos no hacen nada de eso, dejan que la niña haga lo que le de la gana, Y nuestra paciencia se está agotando.

Ayer me llama mi casero y me dice que la vecina le había llamado llorando, porque no soportaba la tensión que existía entre ella y nosotros (primera noticia que tengo). Que golpeábamos las paredes y no entendía por qué (claro, porque las cinco mil veces que subí no le dieron ninguna pista).
Que está muy agobiada y que si las cosas no cambian se va a mudar porque no puede vivir así.

No hay nada que me reviente más que un adulto actúe como un crío, que vaya por detrás, que sea un cobarde.

Mi casero me dijo que simplemente me llamaba para avisarme de lo que había pasado, ya que tras escuchar mi historia se percató que la mina es una histérica y no tiene razón.

A mi me encanta escuchar la música alta, pero no lo hago, porque tengo vecinos y no me gusta molestar.

Opto por no subir a hablar con ellos, porque no tiene sentido, y porque si subo pensarán que mi casero me ha echado la bronca, cosa que no ha pasado.

Vecinos queridos, no pienso cambiar mi rutina de golpearos la pared todos los findes de semana, o cuando tengo migraña y escucho a la niña saltado como una loca.

Os deseo una feliz mudanza, cobardes. Porque hablando se solucionan las cosas y retirarme la palabra no os suma, os resta.

¡Que os den bien por la parte de atrás!

Besitos de los vecinos de abajo.

martes, 5 de julio de 2016

Privilegio.

Mis intentos de dar de baja Facebook han sido fallidos, he borrado a casi toda la gente que tenía rulando por allí, he decidido tenerlo pero no usarlo mucho, casi nada.

El título de la entrada viene por lo siguiente:

Nací en el 86, crecí en Argentina, mi infancia fue estupenda, jugando en la calle, apenas viendo la tele.
Escuchaba la radio, leía muchos libros, mi wikipedia era ir a una biblioteca y buscar bibliografía como loca.
Sí que jugaba con el PC, pero no le dedicaba tantas horas, porque jugar con mis amigos del barrio era lo más.
Mi cabeza estaba llena de números de teléfono, llamaba a mis amigas a todas horas, todo era sencillo.
En el aspecto musical, la emoción de comprarme un disco era insuperable, llegar a casa y ponerlo en el equipo, investigar el libretito, ver las letras, usar el diccionario si no entendía algo.
Así me crié yo.

Hoy en día puede que resulte difícil volver a esos tiempos arcaicos, porque todo es más accesible.
Pero. ¿Hasta qué punto?.

¿No creen que tanta accesibilidad a absolutamente todo nos está convirtiendo en auténticos ignorantes?

Las conversaciones ya no son tan interesantes, siempre hay alguien que dice "Pará que lo googleo".
No loco! Deja que me rompa el coco, buscar esa información como se merece, que de seguro se me quedará en la cabeza si le pongo algo de esfuerzo.

Es como que al tener todo tan al alcance, perdemos nuestra capacidad de ser esponjas y aprender.
Tenés una duda, la buscás en internet, leés de que va, y al día siguiente se te olvida.
Y así con todo.

Todo es digital, virtual, invisible.

Echo de menos lo tactil, y no me refiero a los moviles, o tablets, lo físico: un libro, un disco, una persona enfrente tuyo. Eso es lo que manda en mi día a día.

A veces pienso que está todo como el orto con esta sociedad, que todo es muy fake. No da.

Soy una privilegiada, porque conozco lo que es una vida de calidad sin la tecnología, y eso, me hace distinta.
Me da mucha pena ver como las próximas generaciones van perdiendo poco a poco la esencia del contacto con el mundo real.
Me aterroriza pensar qué pasará el día que yo tenga hijos.

En fin, mi reflexión del día, ya quedó plasmada en este mundo virtual. Ojalá alguien se sienta identificado y un día cualquiera podamos revolucionar el mundo y cambiar lo virtual por lo real.
Porque eso es lo que vale, lo real.

lunes, 9 de mayo de 2016

Supervivencia

Hace algunos años quizás lo que más me motivaba era tener dinero para viajar, y tener nuevas aventuras. Vivir en una gran urbe, ir de conciertos, y volverme loca.
Los tiempos cambian, las circunstancias también.

El piso en el que vivías se te queda chico, porque vas agregando cosas a tu vida, cosas que planeaste, cosas que no. y el salir a tomar aire por momentos se torna complicado.

Te gustan los cambios que vas haciendo, no podría vivir alejada de mis gatas por mucho tiempo, son parte de mi día a día, al igual que el amanecer a su lado, aunque discutimos más que antes y ya somos lo que somos, y sabemos lo que hay. No cambiaría nada.

Me voy acercando a los treinta, y ya no salgo de conciertos, la idea de vivir en una gran ciudad, desapareció hace tiempo, la ambición de ganar dinero, se evaporó.

Me vale ganar lo justo para pagar mis impuestos, y que me quede algo para escaparme de vez en cuando.
Aspiro a vivir en un sitio tranquilo sin el caos de la ciudad. Vivir con lo justo y necesario.

Es como que a esta altura de mi vida, siento que ya hice varias cosas de las que quería hacer, y mis prioridades han cambiado mucho.

Tengo menos tiempo libre que antes, y eso es algo que me afecta, el no tener tiempo para mis pasiones. Cada día odio más Internet, y en breves acabaré con mi cuenta de Facebook.

Toda distracción externa hace que me pierda. Pierdo lo mejor de mi, y el norte de a dónde quiero ir.

Los estímulos externos, hacen daño si son en exceso, y quiero librarme de cuantos pueda. Valorar de nuevo las conversaciones, sin tener que sacar el teléfono para mostrar algo que vi en un post o bla bla.

Somos esclavos de la tecnología, antes cuando servía una mesa, solía apartar el tabaco, o la cartera para poder servir un plato. Ahora, aparto teléfonos.

Si sigo así, me volveré una ermitaña, y bien a gusto que lo voy a hacer.

Feliz comienzo de semana!